Dejarte atrapar por el Rayo

Juan Manuel Merino

Periodista, secretario general de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid

Como periodista especializado en información deportiva en primer lugar he de decir que sí, que como amante del fútbol tengo colores, pero que no me gusta hacerlos públicos. Por lo tanto, en este caso he decir que no soy del Rayo, pero que como tantos madrileños también soy del Rayo. Y no porque no vaya a olvidar mis visitas en mi niñez a la casa de mi abuelo, en Antonia Calas, muy cerquita de la estación de metro de Puente de Vallecas, ni porque sea un equipo más de Madrid, sino precisamente por lo contrario: porque es un equipo diferente de Madrid.

Y es que ser del Rayo es también estar pendiente de aquellas matinales radiadas de fútbol interrumpidas con los goles de Potele, Felines, Illán…, con las paradas de Tirapu, uno de los mejores porteros que jamás he visto en mi vida. Ser del Rayo es ir de vez en vez al exilio de Vallehermoso, hoy flamante estadio de atletismo, y comprobar el cariño con el que acogían los barrios ricos de Madrid al equipo representante de los barrios pobres; llenarte de gozo porque Guzmán había sido convocado para el Mundial de Argentina; ser la segunda crónica que devorabas en la prensa deportiva del lunes; estar pendiente de su rivalidad con los grandes de Segunda para ver si se obraba el milagro y el Rayito subía a Primera; disfrutar, con la alegría interiorizada por mi profesión, de algún ascenso con el excelso Felines en el banquillo; ver jugar a Morena; Fontán, Encinas, Ruiz Mateos. Hugo Sánchez, Cota, Wilfred…

Y es que el Rayo Vallecano ha sido para ser de muchos, para atraer a una amalgama de propios y cercanos, que también son suyos, que muy pocos clubes tienen. Es un equipo singular en casi todo, en su propio nombre, en el diseño de su camiseta, en su ubicación, en sus antiguos horarios de partidos que añoramos los más antiguos, por las mañanas, compartiendo fútbol con los clubes modestos de la región…

Ser del Rayo es dejarte atrapar, aunque sea un poquito, por un estadio irregular, sin un fondo, metido entre las casas, lleno de posos de fútbol por todos los lados… Saber que es una entidad que ha hecho de la irregularidad virtud. Ser del Rayo es dejarte atrapar, aunque sea un poquito, por su singularidad…

 

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